Ella
Me acaban de dar el alta. Me aconsejaron muchas cosas, entre ellas que escriba todo lo que piense y sienta a cada momento. Resulta que de esa manera pueda llegar a recordar más rápido.
Es extraño ver a todos llorando y abrazándome y no sentir nada al respecto. Pero según el médico es normal, me aseguró que pronto iba a recordar, que tenía que tener paciencia.
Mi madre me dice cosas que no comprendo, nombra gente, situaciones. Yo sé que intenta ayudarme. Le pido disculpas y que no siga, me duele la cabeza constantemente.
Me acuesto a pensar miles de veces al día ¿Algún día volveré a recordar? Me siento vacía, me falta algo o todo.
Los días pasan, la gente que me rodea es siempre la misma. A veces vienen otras personas, algunos son amigos, otros familiares, otros compañeros. Me apena no recordarlos, solo puedo mirarlos con tristeza y agradecerles la paciencia. Me apena no saber quiénes son o peor aun, quién soy yo.
Decido irme una semana a otro lado. Necesito alejarme. Preparo las valijas y junto a mi hermana, una de las pocas personas que recuerdo, nos vamos a Brasil. El viaje ya estaba preparado, habíamos reservado todo antes del accidente.
Mi madre se enoja por nuestra partida, tiene miedo, creo entenderla. Le aseguro que necesito hacer esto y nos marchamos.
El camino al aeropuerto fue en completo silencio. Mi mente maquinaba a mil por hora. Pero ya estamos ante el avión, por subir y la emoción nos hace hablar sin parar.
Mi asiento es la butaca 18A, justo en la ventana. El avión despega.
Cuando miré hacia afuera me empezó a doler la cabeza. Eso suele sucederme cuando voy a recordar algo.
Un viaje, conocí nuevas personas, a mi familia. Viaje a otro país. Una lágrima me recorre la mejilla. El primer recuerdo fue doloroso.
La miro a Cami y le cuento. No logra contener su emoción y me abraza. Sus brazos son flacos pero cálidos. Eso estimula mis sentidos, sigo recordando. Recuerdos de pequeña.
Mi hermana saca unas cuantas fotos de su agenda. Las miro y poco a poco les encuentro un sentido. Mi mente no tiene descanso. Recuerdo hasta dormirme.
El viaje a Brasil sirvió para recordar sin sentir presiones. Cada situación me trajo un momento a la memoria.
Un mate amargo, una canción brasilera, un libro de Galeano, un té de menta. Cada cosa tenía un significado oculto, cada situación un mensaje. De pronto recordaba todo, bueno, casi.
Hoy me voy a encontrar con Tomas. Todos me dijeron que era el amor de mi vida. No lo sé, lo único que puedo asegurar es que se portó muy bien conmigo este tiempo. Recuerdo que siempre que me despertaba en el hospital estaba él, mirándome o durmiendo, sosteniendo mi mano siempre. Siempre cerca. Se preocupó mucho por mi, creo que eso me gusta.
Estamos en Plaza Moreno, frente a mí se impone la catedral, una obra magestuosa que genera sensaciones extrañas. Tomas intenta que recuerde la razón de esas sensaciones. Me cuenta una historia, no recuerdo.
Hace hasta lo imposible, quiere que lo recuerde como sea. No puedo.
Creo que se rinde. Baja la cabeza con los ojos empañados. Se disculpa y comienza a caminar en la dirección contraria a mi.
Me apresuro a levantarme. Él se da vuelta, me mira y comienza a caminar de un lado a otro. Debe estar pensando cómo arreglar la situación.
Pienso un instante. Junto valor. Me paro delante de él y lo beso. Creo que lo quiero. Se lo digo y se ilusiona.
- ¿Me recordaste? - pregunta con ternura
- No, sigo sin saber quién sos, no te conozco. Pero no puedo evitar sentirte mío. No puedo asegurarte que vuelva a recordarte en algún momento, pero si estás de acuerdo me gustaría conocerte. - Estiro la mano y él me mira sin entender mucho - Mucho gusto, mi nombre es Macarena.