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Chau extraño, esta vez me despido para siempre. Mis hasta luego tocaron fondo y ya no quieren respuesta. Mis ganas se marchitaron con el tiempo. Mi orgullo me obligó a resurgir. Mi dignidad me golpeó. Pero no creas que eso me desalienta, no. Me da fuerza para incorporarme y salir a caminar. Sé que hay más para mi en el mundo, pero atada no puedo recorrer. Sé que hay algo esperándome a la vuelta de la esquina, pero hasta ayer cada paso que daba eran dos que retrocedía. Hoy ya no más. Hoy elijo quererme antes que quererte. Porque no merece la pena elegir a alguien que no te elige. Hoy abro los ojos y agudizo mis sentidos, abro las puertas de mi ser a un mundo que acontece. Ya no tengo miedo de caminar sola. Ya no tengo miedo de decir adiós. Porque poder decir adiós es crecer.
El reflejo
Hacia fines de abril la temperatura era invernal. Los días eran extremadamente fríos y la gente no parecía disfrutar el aire libre. Los caminos estaban escarchados, el cielo cubierto de nubes grises apresaba los pensamientos de quién lo observara. La facultad tenía ese aspecto lúgubre que sólo se ve en las películas. Miles de caras ausentes recorrían los pasillos del gigante edificio, sin embargo, se sentía sola. Caminaba sumida en sus pensamientos y el temor la invadía. Observaba las aulas repletas de gente y no comprendía por qué su imaginación jugaba con ella.
La segunda clase del día fue eterna. Ella se encontraba justo en el medio del aula. Todos parecían disfrutar sus conversaciones, excepto ella. Todos reían, todos compartían opiniones, pero ella estaba sola. Miraba a su alrededor y se sentía fuera de lugar. Se paró y decidió dejar la clase. Fuera del aula las cosas no mejoraban. La noche invadía todos los rincones, el único sonido que se oía era la puerta oxidada que daba a la calle. Sintió que un escalofrío le recorría el cuerpo.
Caminó en dirección a aquella puerta enmohecida e intentó abrirla. Pero ésta no cedió. Estaba cerrada con llave. Pidió ayuda pero nadie respondió. Decidió no asustarse y volvió al aula. Al llegar allí descubrió lo que tanto temía: no había nadie. Una pequeña lágrima rodó por su mejilla marcada por el frío. Sus labios comenzaron a temblar, ya con un color violeta. Sus latidos se volvían más veloces. Comenzó a correr. Las escenas que pasaban parecían repetirse, el terror la invadía por completo. Su torpeza la llevó a caer y perdió el conocimiento.
Minutos más tarde comenzó a abrir los ojos. Ya no había luz, ya no había ruido. Intentó recomponerse y calmarse. Oyó unos pasos y corrió en dirección a ellos, aunque sólo era su imaginación. Se sintió observada. Escuchaba una respiración que no le pertenecía. Intentaba convencerse de que simplemente era su imaginación, pero algo hizo que cambiara de parecer.
Aterrada se refugió en el baño. Los espejos rotos reflejaban un rayo de luz artificial que entraba desde afuera. Su cara había perdido su esencia, aquella persona feliz y llena de luz ya no se encontraba ahí. En cambio, una persona que no reconocía, oscura y espectral, se manifestaba frente a aquel trozo de vidrio.
La segunda clase del día fue eterna. Ella se encontraba justo en el medio del aula. Todos parecían disfrutar sus conversaciones, excepto ella. Todos reían, todos compartían opiniones, pero ella estaba sola. Miraba a su alrededor y se sentía fuera de lugar. Se paró y decidió dejar la clase. Fuera del aula las cosas no mejoraban. La noche invadía todos los rincones, el único sonido que se oía era la puerta oxidada que daba a la calle. Sintió que un escalofrío le recorría el cuerpo.
Caminó en dirección a aquella puerta enmohecida e intentó abrirla. Pero ésta no cedió. Estaba cerrada con llave. Pidió ayuda pero nadie respondió. Decidió no asustarse y volvió al aula. Al llegar allí descubrió lo que tanto temía: no había nadie. Una pequeña lágrima rodó por su mejilla marcada por el frío. Sus labios comenzaron a temblar, ya con un color violeta. Sus latidos se volvían más veloces. Comenzó a correr. Las escenas que pasaban parecían repetirse, el terror la invadía por completo. Su torpeza la llevó a caer y perdió el conocimiento.
Minutos más tarde comenzó a abrir los ojos. Ya no había luz, ya no había ruido. Intentó recomponerse y calmarse. Oyó unos pasos y corrió en dirección a ellos, aunque sólo era su imaginación. Se sintió observada. Escuchaba una respiración que no le pertenecía. Intentaba convencerse de que simplemente era su imaginación, pero algo hizo que cambiara de parecer.
Aterrada se refugió en el baño. Los espejos rotos reflejaban un rayo de luz artificial que entraba desde afuera. Su cara había perdido su esencia, aquella persona feliz y llena de luz ya no se encontraba ahí. En cambio, una persona que no reconocía, oscura y espectral, se manifestaba frente a aquel trozo de vidrio.
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