Mi vida


Últimamente levantarme de la cama es un placer, mirar a mí alrededor me llena. No tengo una vida perfecta, sin embargo no la cambiaría. Mi medio de descargue siempre fue escribir, antes escribía mis tristezas y frustraciones, hoy me siento completa y quiero escribir gracias a eso.
A veces no termino de entender que tan en la tierra estoy. Cuando presto atención a las cosas que me rodean comprendo que logré todo lo que siempre quise.
Recuerdo a mi familia en el pasado, pequeña y simple, y miro ahora a toda esa manada de gente que dice ser mi familia y me quiere y cada día que me ven me abrazan con sonrisas como si fuera la pequeña que no ven hace tanto tiempo y no pueden dejar de apretar mis cachetes, y eso me enoja y me da risa. Y comprendo que no importa si es lejos o cerca, o si los veo todos los días o no, son mi familia igual. Y pienso en toda esa otra porción de parientes que me espera en otro lado, que a veces me quieren y a veces me olvidan, pero me completan, me llenan eso espacios vacíos que antes no se llenaban con nada. Y me refrescan. Me enloquecen y me sanan. Son parte de mi historia.
Rememoro aquellos momentos con esas personas que no importa el tiempo, ni la distancia, siempre van a estar ahí. Y no digo ahí presentes al pie de la letra, aunque espero que si, digo presentes en mi corazón y en mi mente. En fotos y cartas. Esas amigas y amigos que siempre estuvieron y pase lo que pase van a estar. Esos amigos de los que a veces me olvido o no extraño, pero no puedo olvidarlos porque son parte de mí. Esos amigos que crecieron conmigo, que vieron lo mejor y lo peor de mí, y aún así me quisieron día a día. Y miro ahora, a los que me quedan y a los que llegaron, y comprendo que nunca se puede estar solo, porque siempre hay alguien esperándote. Hay nuevos amigos esperando a compartir locuras nuevas, y a aprender cosas nuevas. Y a enseñarte.
Y el amor, que a veces va y a veces viene. Pero siempre esta ahí. Que no se puede ignorar ni evitar. Ese amor que me demuestra que a pesar de todo la vida sigue. Y que justamente esa vida esta preparando cosas inexplicables para cada uno. Y se las puede aceptar o cambiar. Porque de eso se trata.
Y el trabajo, que antes era fácil y rutinario, sin mucho más. Hoy se vuelve complicado, aburrido, interesante y hasta agobiante. Pero no deja de ser parte importante. Que a veces se odia y a veces se quiere y se disfruta.
Y la facultad, que es más de lo que alguna vez pude soñar. Recorrer esos pasillos y observar las aulas que día a día me educan. El hecho de preferir pasar horas y horas allí dentro que en tu propia casa, por saber que esos pasillos están llenos de vida y de sabiduría y de compañerismo. Y esas caras nuevas que te cruzas todos los días, que a veces son tan familiares y otras tan ajenas. Ese pequeño pueblo lleno de información y comunicación. Esos debates públicos y esos enojos reprimidos que en algún momento salen. Y esas muestras y esas charlas. Y las banderas y los colores, las agrupaciones y los sueños de miles de estudiantes. Los recuerdos, el pasado que no se olvida, que deja huella. Y marcan a las nuevas generaciones. La cultura, la educación, la política.
Y el JEI, esa nueva pequeña parte de mí. Esos aires de cambio que tanto buscaba. Los barrios, los comedores, los chicos, las risas y ganas de vivir. Esa sensación de paz que tengo al llegar a casa con el cuerpo cansado y la ropa manchada. Ese verde esperanza. Esos compañeros que te aceptan el primer día. Esas caras largas cuando tenes que despedirte. Esas chocolatadas. Esos abrazos interminables y risas contagiosas. Esas ganas de levantarse y tener algo porque luchar. Las ganas de cambiar aquello que no nos gusta y los planes para llevar a cabo proyectos de cambio, proyectos de futuro. Esos pequeños avances desde muy adentro. Esa sabiduría. Y la participación y la organización, el trabajo en equipo. El darte cuenta que hay más de una realidad.
Y la vida, con sus altibajos, la gente que te rodea y que llega y se va. Lo fácil y lo difícil. Lo que te llena el alma y lo que te destroza. Esas manos amigas que te calman. Esas manos extrañas que se presentan. Esa gente, esos lugares, esos caminos. El hecho de elegir una y otra vez lo que nos toca. La manera de disfrutar o encontrarle la vuelta a aquello que vivimos. El hacer lo que se quiere y querer lo que se hace. El aceptar desafíos cada día y enfrentarlos, con la frente en alto. Reconocer errores, cambiarlos, mejorarlos. Renovarte día a día.
Y yo, que a veces no sé quién soy y otras sí. Que pienso en aquella persona de unos meses atrás y la comparo con la persona que soy ahora. Los cambios grandes y pequeños. Soy lo que vivo y como elijo vivirlo. Soy lo que aprendo, lo que me enseñan y lo que enseño. Soy lo que escucho, lo que me pongo. Soy lo que siento. Soy paz y guerra. Soy frío y calor. Soy lo que me sale ser en el momento. Soy todo y nada, y de a ratos soy algo. Soy alguien. Soy feliz, el noventa por ciento del tiempo. Soy fuerte y débil, y lloro y me río. Y me centro en esa coraza que me forme un tiempo atrás, que esta formada por mis dibujos y mis letras, y me escondo ese otro diez por ciento del tiempo. Pero así soy, y esta es la vida que me toco. Y esto es lo que quiero para mí.