La vida es como un viaje. Un viaje a tierras lejanas que
nadie conoce; tierras para explorar, para conocer, para colonizar. Un viaje
imprevisto aunque previsto. En dónde nada es lo que parece y todo es como es.
El cual a veces es difícil y duro, y a veces tan llevadero. En donde te tenes
que frenar a observar los paisajes que te rodean porque realmente no sabes
cuando podrás volver a ese lugar. En donde tenes que esquivar los obstáculos y
mirar siempre para adelante, sin olvidar lo que dejaste atrás para no perderte.
Y mirar esos paisajes, y recordarlos. Y capturarlos en una
imagen mental como si fueran a formar parte de un gran álbum de fotos. Y
analizarlos, ver más allá, ver los detalles. El color del cielo, que representa
el alma, con sus mil y un tonalidades. Con sus rosas calidos o azules fríos.
Que representa los sentimientos, aún aquellos que todavía no conocemos y
probablemente no conozcamos jamás. Y la tierra, que representa al cuerpo.
Aquella porción material de algo. Frágil y fuerte al mismo tiempo. Firme y
volátil. Y todo lo demás que compone aquellos paisajes. Los edificios, la
naturaleza. Dos caras de tu vida. El pasado y el presente.
Y disfrutar tu medio de transporte. Tus pies, tus palabras,
tu imaginación. Que te llevan a lugares inimaginables y tan esperados a la vez.
Lugares que con el tiempo considerarás propios. Lugares con rincones que sólo
vos conocerás. Lugares que amarás y odiarás. Espacios nuevos, amplios y
pequeños. Habitaciones vacías que se llenarán con el tiempo.
Y querer el camino que recorres. Porque más allá de todo, es
tu camino. Un camino que probablemente sería diferente si hubieras elegido otra
dirección. Pero elegiste esta, por una razón. Y te apropiaste de ese camino. Y
te aferraste a esa razón, para agradecerle cuando las cosas marchan bien y
culparla cuando todo ande mal. Pero es tú razón y con ella podrás hacer lo que
quieras.
Y los obstáculos, lo más complicado del viaje. Intentarán
hacerte caer, tropezar, confundirte. Intentarán que no llegues al final del
viaje o que por el contrario, llegues muy rápido. Lograrán que más de una vez
intentes bajar los brazos y te quieras dar por vencido. Tocarán lo más profundo
de tu ser para obligarte a desistir. Aparecerán en los momentos menos
esperados. Pero te mantendrán alerta, despierto, vivo.
Y el equipaje, será una de las decisiones más difíciles de
tomar. Tendrás que saber seleccionar lo que realmente te haga falta ya que no
podrás cargar una mochila pesada toda tu vida. Tendrás que elegir pocas cosas
de una variedad infinita de posibilidades. Pero el resultado final, la mochila
completa, serán el fruto de toda una vida, te todo un viaje. Recolectarás,
seguramente, recuerdos, amistades, amores, aventuras, pecados, sacrificios.
Pero también pequeñas partes de aquellos lugares que conociste.
Y las marcas en el cuerpo. Aquellas que quedarán luego de
vientos fuertes y mareas altas. De nevadas blancas y calores agobiantes. Esas
arrugas que demostrarán tu tiempo. Esas manchas que contarán una historia, tu
historia.