Aquella noche hacía frío.
Ella se aseguró que los niños durmieran. Se fue sin hacer ruido. Caminó dos
cuadras y se paró al lado de un viejo almacén. Un auto frenó, ella entró, pasó
media hora y volvió a bajar. Ella no lo sabía. Él era portador. Volvió a su
casa.
Un año después estaba por
tener su tercer hijo. Le dieron la mala noticia. Debía ser una cesárea sino lo
podía contagiar. Ella sólo quería lo mejor para sus hijos.
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